![]() |
|---|
Esa horrible PAZ que nos espera
La incertidumbre de lo anhelado
Agosto de 2016
La sola idea de tener un país en paz me asusta. Me preocupa la incertidumbre de no saber qué va a ser de las Farc el día de mañana, cuando ya no se dediquen a matar, secuestrar, extorsionar o hacerle la vida imposible a cuanto presidente de turno haya. La paz no me disgusta, ni mucho menos el hecho de transferir todos los recursos del conflicto armado a la educación, pero pareciera que los colombianos no estamos preparados para aceptar que por fin podemos vivir sin guerra. Nos asusta el cambio, nos aterroriza no vivir con terror.
​
Al parecer, somos un pueblo masoquista, el cual prefiere seguir desangrando a sus campesinos, que ayudarlos a regresar a las despojadas tierras de nadie. No miramos hacia adelante, nos estancamos en el miedo causado por la guerra, por lo años de frustración y llanto que nos dejaron los muerto, que tan muertos están, que ni siquiera su recuerdo nos hace anhelar la paz.
​
No se trata de discutir bajo qué circunstancias firmamos un documento que nos asegure que ya no volveremos a matarnos entre nosotros. Se trata de perdonar y olvidar; de no justificarnos en pensamiento de impunidad cuando en realidad no estamos dispuestos a convivir con quienes nos han hecho tanto daño.
​
Es por eso, que en esa horrible paz que nos espera, salen a relucir los egos de la política bañada en narcisismo; la política que no entiende que la paz no tiene izquierda, ni centro, ni derecha; que la paz no es impune, no es injusta, no es clasista, no juzga a quien la ha herido ni justifica a quien la ha defendido; que la paz no se pone de luto, ni protesta por su dignidad, porque la paz es digan en sí misma y no espera NADA de héroes ni villanos para alzarse entre los escombros que la guerra dejó.
